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Lo que no debió ni debería pasar nunca más

Otra vez, la tragedia argentina en el mar. Las aguas heladas, como fauces de un monstruo, tragándose a sus víctimas, nuestros hermanos. El “Rigel”, buque pesquero con nueve tripulantes, zarpó el martes del puerto de Mar del Plata. Su destino era la pesca de langostinos en el sur argentino, pero en la madrugada del sábado desapareció a la altura de Rawson, donde hace menos de un año se hundió el buque “Repunte”, con otros diez tripulantes; donde hace casi siete meses se perdieron para siempre el submarino “Ara San Juan” y sus 44 personas a bordo.

El Rigel tiene su primera víctima confirmada: el capitán, Salvador Taliercio, hallado sin chaleco salvavidas frente a las costas de Chubut. El “Rigel” tenía más de medio siglo de antigüedad. El “Rigel”, tal como relató la madre de uno de los tripulantes desaparecidos, “estaba roto, su motor no daba más y se le habían apagado todas las luces”.

Crónica de una tragedia anunciada

Desde los tiempos del kirchnerismo, este diario, en absoluta soledad, denuncia la grave crisis que atraviesa a la pesca, dejando a la deriva a las embarcaciones que podrían extraer del mar argentino las proteínas suficientes para alimentar, por ejemplo, los maltratados estómagos del Conurbano bonaerense.

Pero la actividad, capaz de sintetizar la rueda virtuosa del crecimiento, el empleo y la distribución de riquezas, sigue naufragando entre la pérdida de rentabilidad, el aumento en todos los costos y la falta de inversión, algo que afecta especialmente al puerto de Mar del Plata.

Hay que hablar también del sector de astilleros y de su principal botón de muestra: el astillero Río Santiago, fundado en 1953, durante la presidencia de Juan Domingo Perón, que supo ser modelo en el continente con su construcción de barcos y barcazas. Lejos de aquel esplendor, hoy los despidos son una amenaza latente y los trabajos están paralizados. Se desmerece así a la empresa estatal que, con sus construcciones, podría evitar que viejos barcos desapareciesen, reemplazándolos con nuevos navíos. Una inversión a costo cero, que se pagaría con el valor de la pesca y, al mismo tiempo, protegería a la actividad contra el saqueo de los buques extranjeros que avanzan sobre el territorio marítimo argentino, fuente de alimentos en una Patria donde millones padecen hambre.

Cuidar la pesca y los elementos para llevarla a cabo es, también, asumir el mandato de cambio al que se comprometieron el presidente Mauricio Macri y la gobernadora María Eugenia Vidal. Sería apenas un grano de arena en el camino hacia la mentada pobreza 0

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